Sentado frente al mar, esperando el momento en que el sol se acabe de hundir en el agua, veo las gaviotas volar. Me maravillo con sus movimientos inesperados y como las rocas parecieran hacerse a un lado para no herir una sola de sus plumas.
Y pienso si el hombre podrá, algún día, hacer lo mismo.
Ahora miro el color de las nubes, su textura, y la gran imagen que forman al reflejar los rayos del sol. Tonalidades que difícilmente se volverán a conjuntar para una imagen similar.
Y pienso si el hombre podrá, algún día, hacer lo mismo.
Tomo un puño de arena de la playa y la dejo caer sobre mis piernas. Imposible contar la cantidad exacta de granitos. Todos diferentes, todos pequeños, todos parte de la playa.
Curiosamente esperando que el mar los lleve a otro lado donde poder esperar otra vez.
Y pienso si el hombre podrá, algún día, hacer lo mismo.
Al fin el sol brilla por ultima vez como despidiéndose de los que nos quedamos a observar el fenómeno.
Las nubes pierden poco a poco el color, la arena no se inmuta, y las gaviotas buscan un lugar para descansar después de sus vuelos acrobáticos.
Y el hombre sigue pensando.
No vuela.
No refleja.
No espera.
Twitter Follow my tweets!
Flickr Some photos of mine.
Delicious What I've been reading.
Blogger What I'm writing.
Behance My artworks.
Myspace Listen to me!
0 comentarios:
Publicar un comentario